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Mulheres aborrecem-se mais depressa com a monogamia

São as mulheres e não os homens que se aborrecem mais rapidamente com a monogamia.

Desde os primórdios, quando era chamada de “sociobiologia” a psicologia evolutiva foi ligada à teoria de que as mulheres são monogâmicas e os homens promíscuos. E as tentativas para criar a igualdade sexual entre homens e mulheres foram condenadas ao fracasso, porque iam contra a biologia.  Mas, agora, a evidência começa a colocar essa teoria em perigo: São as mulheres e não os homens que se aborrecem mais rápido com a monogamia.

Women Struggle with Monogamy More Than Men

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Posted Thursday, May 23, 2013, at 6:00 PM

Since its beginnings, when it was called “sociobiology,” evolutionary psychology has been wed to the theory that women are monogamous and men are promiscuous—that men have a compunction to spread their seed while women instinctually want to lock some guy down to raise her children. Feminist attempts to create sexual equality between men and women were doomed to fail, because they went against biology. Shrugging was encouraged, and the term “hard-wired” was mandatory.

But now the evidence is beginning to trickle in, and one sticky fact has thrown this entire theory into jeopardy: It’s women and not men who get bored with monogamy faster. As Daniel Bergner writes in the New York Times, women are far more likely to lose interest in sex with their partners. This doesn’t necessarily translate into infidelity—a choice many reject because it’s so hurtful—but, Bergner reports, spouse-weary women often just avoid sex altogether.

Add to that the study Bergner cites showing women respond to novelty in pornographic fantasies, and another showing that women are much more turned on by fantasies of sex with strangers than friends. You’d be forgiven for concluding that the gender most interested in mixing it up might be…women. 

What’s really fascinating is that with this shift in understanding comes a profound shift in how we as a society are deciding to respond. There will be no shrugging of the shoulders and tossing around the word “hard-wired” to rationalize women disappointing male expectations of passionate monogamous sex. Instead, as Bergner writes, a ton of money is being spent on developing a drug women can take to restore their desire for their husbands. The drug, called Lybrido, is in clinical trials now with the hope of writing an FDA application by the end of the year. 

Bergner also implies that women’s declining interest in monogamous sex is socially, not biologically, inflected. Since women receive messages “that sexual desire and expression are not necessarily positive,” he suggests, they tend to require additional stimuli—such as novelty—to get them in the mood. The implication? If we can normalize female desire in society at large, we can presumably encourage women to continue lusting after their partners.

Notice that identifying a lack of sexual excitement as a societal ailment, not a biological one, reduces the sense of fatedness around the issue. When people believed that boredom with monogamy was a male trait for women to endure, interest in fixing it was pretty low. Now that we understand boredom with monogamy to be a female trait for men to endure, it’s suddenly a Problem—with possible solutions. Though frustrating, this is ultimately probably a good thing. Since most of us want to be monogamous, it’s about time we took seriously the need to keep it interesting. 

Las mujeres son menos monógamas de lo que se cree (y la respuesta del establishment es crear una pastilla para corregirlas)

Aunque algunos estudios recientes han descubierto que el deseo sexual de las mujeres no es “naturalmente” monógamo, la industria farmaceútica ha tomado dicho conocimiento para desarrollar una pastilla que bajo el pretexto de incrementar la libido, las responsabiliza de la falta de deseo en una relación.

Inicio > Salud > Sexualidad
  • Autor: pijamasurf
  • Publicación: 28/05/2013 7:19 pm

Las mujeres son menos monógamas de lo que se cree (y la respuesta del establishment es crear una pastilla para corregirlas)

Cierto prejuicio con pretendidos fundamentos evolucionistas y socio biológicos asegura que las mujeres son monógamas “por naturaleza”, que mientras que el hombre busca esparcir su semilla tanto como pueda por un impulso natural, este mismo impulso se expresa en las mujeres como la búsqueda de la estabilidad de un único compañero sexual.

Sin embargo esto no pasa de ser una suposición que poco a poco va refutándose, en buena medida por los mismos procedimientos científicos que alguna vez la alimentaron.

Recientemente Daniel Bergner, colaborador del New York Times, publicó una columna a propósito de algunos estudios que sugieren la idea contraria: que en realidad las mujeres encuentran aburrida la monogamia y con mayor facilidad y prontitud pierden el interés en sus compañeros sexuales (lo cual tampoco deviene necesariamente en infidelidad).

Entre otras investigaciones, Bergner cita una que analiza la respuesta de las mujeres a las fantasías pornográficas y otro sobre su mayor grado de excitación cuando se imaginan que sostienen una relación sexual con un extraño (en comparación con amigos o conocidos).

Culturalmente esta aparente contradicción entre los instintos (o el deseo) y las normas sociales, se resuelve por medio de la “novedad” y la forma que esta toma en una relación de pareja, el deseo mutuo de romper con la monotonía que al parecer es inherente a la monogamia.

Lo paradójico de la situación es que si bien esta puede ser interesante en sí mismas, al descubrir circunstancias de la sexualidad femenina que se consideraban desde otra perspectiva, en la práctica la respuesta dominante va en sentido opuesto: desarrollar una pastilla que recalibre el deseo sexual de las mujeres y lo vuelva hacia su pareja, responsabilizándolas tácitamente de la falta de deseo en una relación. Dicho fármaco ya existe y por el momento, con el nombre de Lybrido, se encuentra a la espera de ser aprobado para su comercialización por la Federación de Drogas de Estados Unidos (FDA).

Sin duda el movimiento es, en cierto modo, perverso: aunque las investigaciones científicas demuestran que la monogamia no es el comportamiento “natural” de las mujeres, por la vía artificial se intenta revertir el fenómeno, volverlas monógamas químicas al servicio de su pareja en turno.

Acaso una estrategia conservadora disfrazada de progresismo tecnológico: la perpetuación del statu quo sexual que no es más que derivación del statu quo que domina otros ámbitos de la vida.

[Slate]

 

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